La Ciudad Hermafrodita

La ciudad hermafrodita

 

Mi cerebro maleable de mercurio flota sobre un mar de esperma en calma chicha.

Se contrae rápidamente cuando las sombras del mediodía forman sables sobre las chapas metálicas de la ciudad hermafrodita.

Me siento observado.

Durante la tarde de verano, que cae con hechizo de olvido, corría una brisa más cálida de lo habitual a la que acompañó un ligero temblor.

Instintivamente, salí corriendo y comencé a mojar todas las fachadas, barrio por barrio, portal a portal… Y el temblor se reprodujo.

La ciudad eyaculó baches y grietas con forma de espermatozoide y yo me creía un superhombre.

Ahora siempre quiere más , y a pesar de mi cansancio, tengo que dárselo porque si no, se forma una procesión en mi puerta y no puedo salir de casa.

Me asustaba pensar que era sadomasoquista porque fui capaz de todo.

Cuando me abrieron la barriga como a una ballena, escurridos resbalaron espermatozoides gigantes muertos.

Finalmente no pondrán una calle con mi nombre.